“Gasolina acabou” - La Champions desde Africa

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Las noches de África, esa auténtica, rural, hecha de casas de barro y paja, de noches iluminadas por una enorme luna y mosquitos como eternos compañeros ya no son interrumpidas solo por el hipnótico sonido de los “batuques” (tambores).

Los partidos de la liga española, inglesa, portuguesa, italiana, los de la Champions League consiguen alcanzar cada vez más frecuentes antenas parabólicas en improvisados bares, que gracias a un generador muestran a los chicos africanos  sus grandes ídolos: C. Ronaldo, Messi, Lampard, Ibrahimovic.

Y el gestor a veces consigue vender alguna cerveza de más.

Fueron precisamente las ganas de beberme una fría cerveza “Manica” las que me llevaron al bar de Jerry, una de las pocas distracciones de Caia, en Mozambique, para asistir a la semifinal de la Copa de Europa entre Chelsea y Barcelona.

Como a estas alturas de la competicón no estoy al día de los jugadores que componen los equipos, me di cuenta con agradable sorpresa que tanto el equipo inglés como el español disponían de muchos jugadores africanos en el campo: en el Chelsea los talentosos Essien y Drogba (en el banquillo estaban  Mikel y Kalou), en el Barcelona las panteras Eto’o, Keita y Tourè. También el 3r semifinalista, el Arsenal, derrotado el día anterior por el Manchester United, tenía en el campo a muchos jóvenes ganadores africanos.
Pensé que si la Champions League de esta año tenía que representar una señal sobre el estado de salud del fútbol africano, en la vigilia del próximo  mundial de fútbol de Sudáfrica en 2010, la África del balón estaba dando una decisiva muestra de fuerza.

El primer partido entre los dos equipos concluyó con un 0-0 aunque con una ligera supremacia del Barcelona, pero la ocasión más peligrosa cayó en los pies del marfileño Drogba. la inercia de este partido estaba pues en manos del team del genio Hiddink.

El bar estaba abarrotado de jóvenes enganchados unos con otros para intentar llegar a ver por lo menos una esquina de la minúscula tele Rising acabada de comprar gracias a una financiación con un microcrédito
La necesidad de un espacio vital y el evitar el contacto físico con el extraño, fundamental para cualquier europeo, especialmente del norte, no es demasiado natural para muchos africanos.

Los comentarios de los espectadores, una mezcla entre Chisena (la lengua “bantu” local) y portugués, tendían a denigrar a los dos equipos a favor de la primera finalista, el Manchester United, que presume de tener entre su plantilla a Cristiano Ronaldo, ídolo indiscutido de todos los mozambiqueños.

Entender como un pueblo oprimido durante siglos por los invasores portugueses (la independencia de Mozambique llegó en 1975) pueda no sentir rencor por esto, es más apoye al equipo nacional y a las estrellas de este país, siempre me ha llamado la atención. Pienso en la eterna rivalidad entre China y Japón, en el orgulloso valor de la “reconquista silenciosa” en la sangre de los adolescentes mexicanos, al resentimiento aún palpable que en ciertas zonas de la India hay hacia los ingleses. Quizá parezca una exageración, pero este comportamiento para mí representa la infinita capacidad que un pueblo posee para empezar de nuevo, después de guerras, opresiones, abusos… No olvidar sino volver a empezar, justo como demostró el discurso que hizo Mandela con Deklerk después de 27 años de injusto encarcelamiento en Robben Island.

En el minuto 9, Essien consiguió marcar un golazo, de aquellos que cuando te salen sería mejor colgar la botas. Me esperaba una gran ovación, un estruendo de orgullosa felicidad por el hermano africano que lo había logrado y en cambio sólo se oían silbidos y burlas por su manera de celebrar el gol.
De mi idea de “solidaridad” entre los africanos, en realidad me fui dando cuenta que era utópica a lo largo de la primera parte, cuando los espectadores continuaban a comentar con risitas las jugadas de las estrellas africanas, apodándolos con el término “kaffir”, en antítesis con “azungu” ( blancos).
Sus frases más recurrentes hacían referencia a la convicción de la imposibilidad para los jugadores africanos de efectuar una judada ganadora, de ganar algo ellos solos sin la ayuda de un europeo. Ya había escuchado a muchos chicos mozambiqueños, en otros ámbitos, declarar que “esta pele custa” (esta piel cuesta), denunciar una condición de dificultad vinculada a la propia raza con respecto a la posibilidad de obtener resultados  en varios ámbitos, de mejorar respecto a la comunidad sin la interposición de alguien que no hiciera parte de esa comunidad
Todo esto va unido a un mecanismo social de la étnia bantú, presente en esta zona, los “Sena”, gracias a los cuales quien intenta ascender de categoría, por capacidad o por ambición, viene denigrado por la misma comunidad. No hay lugar para el empresario, ni para la fantasia; quien se hace rico no se debe tomar como ejemplo; solo alguien que esté haciendo el “fetiço” (magia negra) a los otros, puede ser más rico y más potente
Así que con esta óptica los espectadores veían no con muy buen ojo a lo campeones africanos. Ellos no habían merecido haber alcanzado prestigiosos equipos europeos, sino sólo habían querido ser ricos y famosos y lo habían logrado a través de medios absolutamente no aceptables, sin tener en cuenta a sus hermanos que se habían quedado pobres en su pátria
Segundo tiempo. Hubo un contacto en el area del Barcelona y Drogba, la punta marfileña del Chelsea, reclamó justamente un penalti. El árbitro no pitó. El juagdor se enfadó muchísimo. a mi alrededor se disparaon una serie de insultos hacia el jugador, esta vez no por razones pseudo-sociales, sino por “venganza depotriva”: en efecto la nacional de Mozambiue perdió un encuentro 4-0 en Costa de Marfil, y Drogba con sus dos goles se paseó delante de los defensas mozambiqueños.

ültimo minuto del tiempo suplementario…forcejeo del Barça…el balón cayó a los pies del genio Iniesta…gooool! El Barcelona inmerecidamente e inesperadamente se había asegurado el acceso a la final.
Un grito de alegría salió de mi boca hasta aquel mometo muda, dejando sobreentender mi preferencia hacia el equipo de Guardiola, y toda la gente me miró riendo. El “blanco” no ha venido aquí sólo para beberse una cerveza!

Otros minutos suplementarios, el equipo de Hiddink se echó hacia adelante, incluido el portero. Corner, el balón terminó en medio del área catalana y …se apagaron el televisor y las luces del local.

Un chico exclamó “gasolina acabou!”. La gasolina del generador se había terminado. Probablemente Jerry había hecho mal los cálculos y la gasolina no había sido suficiente.

Y encima esa noche la caja le fue mal: solo una cerveza, la mía, y dos coca-colas vendidas. No supimos el éxito del encuentro hasta el día siguiente.

Acabó así, todos a casa, el día siguiente era otro día, se tenía que trabajar la “machamba” (el campo).

En África es así.

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